¿Por qué nos cuesta tanto cambiar un hábito?
Antes de querer cambiar un hábito, primero tienes que conocerlo.
No te cuesta cambiar un hábito porque seas débil. Te cuesta porque crees que lo conoces y no es así.
¿Qué hacer para cambiar un hábito?
La mayoría cree que el problema es la falta de fuerza de voluntad. Pero quizá la dificultad esté en otro lugar: vivimos gran parte del tiempo en piloto automático, repitiendo patrones que nunca hemos observado de verdad.
El liderazgo más importante no consiste en dirigir a otros, sino en aprender a dirigirnos a nosotros mismos. Y ese liderazgo comienza cuando dejamos de reaccionar mecánicamente y empezamos a conocernos con verdadera atención.
1. Un hábito es mecánico.
Los seres humanos vivimos muchos momentos de manera mecánica. Creemos que elegimos, pero en realidad reaccionamos mediante asociaciones automáticas formadas por la educación, las emociones y la repetición.
Nuestros pensamientos y comportamientos están gobernados por asociaciones adquiridas principalmente, más que de la consciencia.
2. Un obstáculo es creer que nos conocemos
Cambiar un hábito es difícil mientras actuemos desde la mecanicidad, pues esto nos mantiene de alguna forma dormidos. El ser humano cree que se conoce, pero al estar gran parte de su vida en piloto automático, en realidad no se conoce. No elige su vida, sus acciones. Al estar gran parte del tiempo en piloto automático, no elegimos, dejamos que las circunstancias decidan nuestro rumbo la mayoría de las ocasiones.
Aparece un deseo, una emoción, un recuerdo, y el cuerpo actúa antes de que llegue la conciencia.
3. Conoce de cerca el hábito
Para poder cambiar un hábito, primero tenemos que conocerlo.
En vez de preguntarte: ¿Cómo dejo este hábito? Puedes preguntarte: ¿Conozco este hábito realmente? ¿Estoy presente cuando el hábito comienza? ¿Lo he observado sin juzgarlo cada que se presenta? Esas preguntas lo cambian todo.
4. Accede al subconsciente
La mayoría intenta vencer sus hábitos mediante la fuerza de voluntad cotidiana. Pero para hacer un cambio requerimos hacerlo desde el subconsciente. La situación es que pocas veces en nuestra vida podemos acceder al subconsciente.
En tensegridad podemos accesar al subconsciente mediante la práctica de Los Pases Mágicos, que son movimientos y respiraciones encontrados en estados de consciencia acrecentada. Después de haber practicado, por lo menos 20 o 25 minutos estos movimientos, podemos entonces salir del ser cotidiano, entrar al subconsciente, y entonces desde ese lugar, hacer ejercicios de instrospección que nos ayuden a encontrar acciones nuevas, diferentes a nuestro hábito o comportamiento repetitivo.
5. Para cambiar necesitas tener incomodidad intencional
Es importante considerar que para trascender un hábito, requieres aceptar voluntariamente la incomodidad de ver de cerca el hábito cuando sucede, permaneciendo plenamente consciente de él.
Por ejemplo:
- Sientes el impulso de mirar el teléfono… y observas el hábito mientras sucede.
- Notas que aparece la ira… y la observas de cerca mientras sucede.
- Tienes antojo de azúcar… y observas ese deseo mientras sucede.
La incomodidad viene de la fricción entre la forma mecánica de actuar y la conciencia que intenta nacer al observar el hábito.
Sin esa fricción, sin conocer primero el hábito, nada nuevo puede surgir.
6. Practica los Pases Mágicos para encontrar los “No haceres”
En Tensegridad los “No haceres” consisten en hacer algo diferente a lo que sueles hacer.
La situación es que no es tan simple como decir: “Soy explosivo cuando me enojo”. Ahora ya no voy a ser explosivo. Esa sería una forma muy simple de abordarlo. Al hacerlo así, terminas haciendo lo mismo que siempre.
Primero tienes que conocer el hábito de cerca como lo vimos antes. Después de esto, vas a dedicar al menos 45 minutos para trabajarlo. ¿Y cómo lo vas a trabajar? Vas a realizar Pases Mágicos, esto con el fin de llegar al subconsciente. Después de 25 minutos, cierras tus ojos y encuentras nuevas acciones o no haceres. Y de esta forma, los no haceres vendrán desde un lugar diferente al cotidiano. Luego empieza por cambiar uno de esos puntos que te llegaron. Uno a la vez.
Pasos para cambiar un hábito
- 1. No intentes eliminar el hábito de inmediato.
- 2. Durante una semana conoce sus partes. Justo antes de que comience, haz una pausa, siente tu cuerpo, observa tu respiración y registra todos los detalles del hábito. Ya sea que sigas con el hábito o no, permanece consciente de todo el proceso.
- 3. Anota tus observaciones después de observar el hábito en un cuaderno. Escribe qué te dices, cuándo sucede, a qué parte del cuerpo lo llevas, si hay un patrón repetitivo, y ve si te llega información sobre: ¿qué es lo que lo está detonando?, en sí toda la info que llegue.
- 4. Una vez que conozcas los elementos del hábito, realiza alguna serie de Pases Mágicos.
- 5. Después de hacer los Pases Mágiácos encuentra los no-haceres. Escríbelos y empieza a cambiar un aspecto a la vez.
Pasos para cambiar un hábito
- 1. No intentes eliminar el hábito de inmediato.
- 2. Durante una semana a conocer sus partes. Justo antes de que comience, haz una pausa, siente tu cuerpo, observa tu respiración y registra todos los detalles del hábito. Ya sea que sigas con el hábito o no, permanece consciente de todo el proceso.
- 3. Anota tus observaciones después de observar el hábito en un cuaderno. Escribe qué te dices, cuándo sucede, a qué parte del cuerpo lo llevas, si hay un patrón repetitivo, y si te llega: ¿qué es lo que los está detonando?, en sí toda la info que llegue.
- 4. Una vez que conozcas los elementos del hábito, realiza alguna serie de Pases Mágicos.
- 5. Después de hacerlos encuentra los no-haceres. Escríbelos y empieza a cambiar un aspecto a la vez.
Si quieres conocer más sobre el proceso, te invito a una de nuestras clases de Tensegridad. Revisa los próximos eventos.
«La primera victoria no es abandonar el hábito»
La primera victoria es ver el hábito mientras sucede y conforme lo vas conociendo, vas anotando las partes del hábito, como un científico que estudia un caso en un laboratorio. Y después haces algo al respecto.
Sólo entonces, el cambio deja de ser una lucha y se convierte en el trabajo de un ser humano consciente.

Mónica Sofía González Aragón



