Supe que ese era el mejor regalo que le podía dar - Tensegridad de Carlos Castaneda

Supe que ese era el mejor regalo que le podía dar


Hace poco fui a 2 Ciudades a realizar algunos  trámites. Salí temprano, alrededor de las 6:30 de la mañana,  aún estaba obscuro, iba subiendo una montaña en mi automóvil,  Era un lugar boscoso y no habitado, había una obscuridad total.  Las estrellas se veían nítidas  pues era luna nueva. Al verlas tan hermosas me inspiré y le pedí al infinito que me ayudara a conectarme con el espíritu, a estar en silencio. En ese momento sentí un gran gozo en mi interior, sentí que había tocado algo.

Ya en la ciudad, después de realizar el trámite, decidí ir a saludar a una tía política por parte de mi madre. Siempre he estado agradecida con ella, pues cuando estuve 1 año viviendo con mis abuelos a los 5 años,  ella era la que me bañaba, me peinaba y a veces tenía gestos conmigo. De niña me  prometí que algún día le agradecería de algún modo. Dentro de mi soledad ella fue una luz.

Ella es una mujer sencilla y me había costado trabajo saber qué regalarle pues todo lo que se me ocurría sentía que no le gustaría. All llegar platicamos, le dio gusto verme. Le pedí que fuéramos a caminar para ver el jardín de niños donde estuve estudiando a los 5 años. Aproveché a recapitular ese tiempo. Luego me invitó un jugo en un pequeño restaurant cercano.

Platicamos como nunca lo habíamos hecho, nuestro contacto siempre había sido superficial. Platicamos sobre ella:  sobre sus hijos, de la vida de cada uno de ellos, de sus historias, de los regalos que la vida le brindó. Luego platicamos sobre su infancia, lo que vivió al quedar sin madre desde que nació. Sobre cómo fue la vida con su padre, sus hermanas hasta que se casó, y la vida que llevó con su esposo, un hombre alcohólico. Me platicó sobre las hazañas y trucos que llevó a cabo para que dejara el vicio. Finalmente su marido dejó el vicio apoyado enormemente por ella. Aprendi mucho de mi tía, de su habilidad para tratar con un hombre difícil. De su paciencia, silencio e inteligencia. Estuvimos casi 2 horas y se nos fueron como agua.

Al regresar a su casa platiqué con mi tío. En la charla él mencionó el tema de su alcoholismo, él estaba arrepentido de su forma de actuar. Sentí que finalmente pude perdonarlo. Yo tenía muchos resentimientos por su comportamiento cuando viví allí a los 5 años. Lloramos todos.

Cuando regresé a la ciudad más cercana supe que ese era el mejor regalo que le podía dar a mi tía, dedicarle tiempo.  Ahora vive con su esposo únicamente pues sus hijos están casados. El infinito me dio la respuesta que buscaba, ¿qué puedo regalar a mi tía?. Ahora sé qué puedo seguir regalándole: “tiempo».

Luego fui a otra Ciudad a realizar otro trámite. En dicha ciudad vive una tía política de parte de mi padre. Ella me recibió en su casa y me hospedó. Ella vive sola, es viuda. Estuvimos horas platicando también sobre su vida, lo que padeció a raíz de que murió su esposo pues ella nunca había trabajado y empezó a hacerlo. Ella solía tener un nivel social alto, vive en una buena colonia. Enfrentarse a eso y buscar trabajo a los 54 años no fue fácil para ella. Me platicó sobre los problemas que enfrentó y el gusto de saber que ella era capaz. No sólo era capaz sino que ascendió a niveles altos en la empresa, de tal forma que llegó a tener al personal de toda una tienda departamental a su cargo. Fue un gran ejemplo para mi. Ahora ya no trabaja, tiene 5 años que la jubilaron.

Durante la charla tuve oportunidad de conocerla mejor, de quitarme los prejuicios que me había formado sobre ella. Vi que es una mujer muy amena y de amplia cultura. Su marido, era de carácter fuerte, dominante también. Ella me platicó lo que hacía para llevarse bien con él y cómo hacer cuando ella quería hacer algo y cómo lograrlo. Aprendí mucho de ella. Pasé horas escuchándola, el tiempo se pasó volando. Nos dormimos ya tarde charlando. Ese día fue largo e intenso.

Al día siguiente, de regreso a la Ciudad de Mexico, pude ver que el infinito me dio el regalo de conectarme con mi tía paterna como nunca antes lo había hecho. La comunicación con ella fue profunda. Percibí su soledad y la escuché desde mi silencio, desde el no juicio y la comunicación fluyó desde el corazón.

También recibí regalos. Aprendí de mis tías sobre cómo llevarse bien con la pareja. Pude ver que la educación y el nivel social no importan. Pues ambas supieron tratar a parejas de carácter fuerte y dominantes conectándose con su sabiduría interior. Haciendo uso de sus recursos internos como mujeres.

La respuesta del infinito fue inmediata al ir a ese viaje, pedí silencio y conexión con el espíritu y me brindó el enorme regalo de saber escuchar, y conectarme con el espíritu a través de mis tías. El brindarles mi tiempo y atención con afecto. Recibí regalos de conocimiento de parte de ellas y me reconcilié finalmente con mi tío alcohólico.

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