Al hablar, mi cuerpo energético estaba muy cerquita y habló por mí


Carmen Anda

Hace apenas unos días estaba platicando con una personas cercana acerca de una escena con mi papá cuando yo era muy niña, fue una vez que él regresó de viaje con un regalo para mí pero se lo dio a mi sobrina, que era unos tres años menor que yo. Eso me decepcionó mucho; por años me sentí como una víctima, con derecho a estar muy enojada y con derecho a no amarlo.

Fue algo que pasó cuando yo tenía cuatro o cinco años y siempre lo he recordado como un hecho que demostró que mi papá no me quería. Así de pequeña prometí que yo me iba a conseguir sola lo que quería, que no lo necesitaba. Por años he ido a todo tipo de terapias pero después de cada una de ellas volvía a sentir resentimiento.

Sin embargo, esta vez, hace unos días, le conté la historia y me oí decir que seguía en mi berrinche, me di cuenta en ese momento que no se trató de la falta de amor de mi papá sino del enojo de una niña pequeña que duró una vida y que me costó tener una sensación permanente de desamor. Para mantener mi enojo tuve que convencerme de que mi papá no me quería y la consecuencia lógica fue no amarlo.

Cuando lo dije, fue más que oír mis propias palabras, algo encajó, algo le dijo a esa niña decepcionada y enojada que no tenía por qué sentirse tan mal, un adulto no se dio cuenta cuánto quería yo que él me diera el juguete que él prefirió darle a otra niña. Al oír que era mi berrinche pude admitir que mi papá no dimensionó nunca lo que ese acto tan pequeño significó para mí y también pude admitir que yo no valgo menos que la niña a la que le dio el regalo, yo siempre creí que la quería más a ella porque yo no es mucho más bonita que yo.

Cuando dejé de estar tan enojada, vi a mi papá como una persona con sentimientos que su propio camino le fue generando y que seguramente entendía tan poco como yo entiendo los míos, yo no sé cuánto me quiso pero puedo saber cuánto puedo quererlo si lo veo sin mis propias sombras. Puedo verlo con calma, sin sentir que él tendría que pedir mi perdón o yo tuviera que pedir el suyo, porque los dos somos personas con equivocaciones, cargando cada uno en su momento con cosas que no entendemos.

Yo creo que al hablar, mi cuerpo energético estaba muy cerquita y habló por mí, y escuchó por mí, y me hizo sentir apreciada por alguien que sin premeditación hizo algo que me lastimó pero fue un acto nada más y eso no es suficiente para juzgarlo y condenarlo de por vida.

Cuando escuché con el corazón y acepté mi propio berrinche en esa escena pude desechar la sensación de no ser amada porque no valía lo suficiente.

Regresar a más historias…

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *